Periodismo y literatura

24 enero, 2007

“Arlt: la escritura desencantada, la tarea de salvación en un mundo que se extingue”

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Ayelén Fariña
Diciembre 2005

“Salvo los que se han escrito sobre esta última guerra.
Esos documentos trágicos valen la pena conocerlos.
El resto es papel…”

(Arlt, “Concepto claro” en La inutilidad de los libros)

Cuando durante los años de entreguerra surgieron en Buenos Aires las empresas editoriales un mundo intelectual en crecimiento -sustentado por la existencia de un público ampliado y previamente alfabetizado-se dio a la tarea de constituir y guiar la conformación de una empresa cultural en torno de una idea más o menos homogénea de quienes podían o aspiraban a adquirir su primera biblioteca.
Bajo las consignas de precios baratos, obras consagradas y lenguaje sencillo los mensajes de estas editoriales conformaban intereses, gustos y aspiraciones de sus lectores y éstos a su vez como consumidores condicionaban la formación de sus productos editoriales.
Este nuevo sector, como describe el historiador Luis Alberto Romero(1), se caracteriza por ser popular, barrial y profundamente heterogéneo y móvil. Sustancialmente distinto de los sectores populares de principios de siglo, formado por inmigrantes con una identidad trabajadora y contestataria.
Los intereses, necesidades, y gustos eran los argumentos de venta que según los casos pesaban más o menos que sus fines culturales.
La imagen de un hombre culto e informado que también pudiera entretenerse y de paso reformar la sociedad era, haciendo una escueta generalización, la que impregnaba aquélla tarea.
Dentro del mundo intelectual existieron los “nuevos” escritores, mientras que la mayoría de las propuestas editoriales trasmutaban las aristas más agudas de la sensibilidad social en un humanismo universal, la crítica social en forma de ironía conoció los nombres de Roberto Mariani, Elías Castelnuovo y Roberto Arlt.
Ya exponiendo los cruces teóricos que realicé para este trabajo uno de los aspectos que, a mi entender, mejor expresan lo que constituye esta singular transmisión cultural y simbólica es la intención de “poetizar” la existencia. Y es también la elaboración hegemónica de una serie de criterios por los que debían pasar las representaciones del mundo; sin embargo esta hegemonía tiene un límite y es donde se expresa el conflicto, donde se cruza lo social y lo cultural y donde por otro lado se halla la gran riqueza de los trabajos realizados al respecto.

La tarea de salvación en un mundo que se extingue

Entre 1920 y 1930 lo que se extinguía en esta sociedad eran valores de una gran parte de la población que enfrentaban los cambios con proyectos de renovación cultural mientras a su vez se añoraba una sociedad pasada más integral y solidaria que empíricamente nunca había existido(2) . Este es un tema tratado por Beatriz Sarlo y que a los fines de este trabajo es una referencia para dar cuenta de la ambigüedad e indefinición de esos tiempos.
Lo que Arlt hizo del espectáculo que le brindaron los hombres y mujeres “modernos” en una época de grandes transformaciones -y sigue haciéndolo aún hoy- fue “sacudir” hasta martirizar la observación que sus lectores tenían de ellos mismos y de su sociedad. Alejado de la imagen que impulsaba la literatura en general del hombre culto y comprometido con su tiempo Roberto Arlt ejerció una crítica aguda a las costumbres y a lo cotidiano.
De mi lectura, algo que se salvaba para nuestro autor era la posibilidad de ser terriblemente sinceros. En una de sus aguafuertes(3) le responde a un lector sobre el “poder mágico que ejercerá sobre sus semejantes” al ser sincero hasta el absurdo.
Para él la mentira era una especie de amalgama de las relaciones sociales, la vida “cuyas apariencias nos marean y engañan de continuo” podían ser examinadas por medio de esta sinceridad que desataba “fuerzas violentas” pero que le generaban la terrible emoción de “jugarse la piel y la felicidad”.
A pesar de su escepticismo, su anarquismo “más temperamental que ideológico”(4) Arlt afirma la existencia por medio de la alegría y se adueña del futuro por prepotencia de trabajo. El mundo que nos narra es el mundo que enloquece hasta incendiarse es el mundo que se extingue y que ruega salvarse, en la tarea de salvación muere repentinamente en 1942 y nace a cada rato, como ahora.

La estatuilla al fondo de la escena literaria

En principio debo aclarar que una de las líneas de la reflexión sobre la escritura arltiana se apoya en la perspectiva materialista de Walter Benjamin en “El autor como productor”(5) .
Este ensayo, en términos generales, refiere a la posibilidad de que la técnica utilizada en una obra literaria sea el modo de describir la función que tiene la misma dentro de las condiciones literarias de producción de un determinado tiempo histórico. Benjamin asiste a un “proceso de refundición de las formas literarias” y encuentra en la prensa soviética el más claro ejemplo para demostrar que anteriores debates entre la forma y el contenido se han vuelto estériles. Es el periódico como nuevo medio de comunicación el que indica la decadencia de lo literario que gana en alcance pero pierde en profundidad. En este sentido, el periódico es la “humillación” de la palabra y por lo mismo el escenario donde se prepara su salvación.
Por otra parte, advierte Benjamin, ya no son productivas las distinciones entre público y lector, ni siquiera entre autor y lector, este último incorporado al circuito de producción del periodismo se ha convertido en “colaborador” y en “perito”.
Lo que propongo hacer es el traslado de esta perspectiva teórica para pensar a Arlt y su escritura pero este traslado al no ser mecánico debe exponerse a los modos singulares de nuestra modernidad, es decir a los modos en que fueron pensados los lectores por las nacientes industrias editoriales(6) , el surgimiento de las vanguardias y el lugar que para Arlt mismo ocupaba esa modernización –periférica- en la conformación de nuestra literatura.
Establezco además el vínculo a partir del mismo contexto de democratización y de acceso a la literatura por parte de los sectores populares; democratización que por cierto se realizó desde el polo de la distribución y el consumo.

El modo en que Arlt piensa su lugar en el proceso de producción, como autor-productor y problematiza sus condiciones y medios de producción constituye uno de los aspectos de esta multifacética, agónica y vital escritura que no deja de hacerme reflexionar sobre cómo en esta tarea también(7) “muere” para hacer nacer mi escritura. Cómo, siendo tan materialmente corrosivo en sus observaciones, nos otorga la libertad de ver que la vida imita al libro y que ése libro como dice Barthes “no es más que un tejido de signos, una imitación perdida, que retrocede infinitamente”(8) .
Si me detengo en el propio material con el que estoy trabajando observo que en la contratapa de “mis” siete locos la editorial Altamira intenta “devolver a Arlt a estos difíciles tiempos que corren, con su escritura intacta” y “tender un puente entre los nuevos lectores y los viejos devotos” ése alguien sin biografía, sin historia es el lector al que Arlt dedicó sus novelas (sin saberlo? ). Sin embargo, es sólo una “edición” la que a pesar de estar “intacta” nunca podrá asilar un solo sentido, está intacta en tanto siga viviendo en todos los hombres que escriban su lectura.
Mientras su ficción siga alegóricamente dando cuenta de nuestra época, plagada de monstruos y locos brutalmente sinceros y problematizando los vínculos entre la verdad y la ficción la obra arltiana se seguirá escribiendo. Este último vínculo impregna toda su práctica y se resuelve sólo potenciando la trasgresión de ésos límites.

Creo que resultante de la conciencia de Arlt sobre las relaciones y experiencias de sus lectores, sus novelas permiten “escribir la lectura”. En esta operación, también como “artista”(9) experimenta las potencialidades de las nuevas tecnologías, entendidas éstas como mecanismos de reproducción que permiten el acercamiento de las “masas”(10) a objetos culturales que generan otras apropiaciones, distanciamientos y desde luego percepciones y representaciones del mundo.
Las respuestas del autor a las cartas de lectores, lejos están de prescribir “de qué modo debe vivir uno para ser feliz” o “qué libros deben leer los jóvenes para formarse un claro y amplio concepto de lo que es la existencia”; desorienta y desalienta con respuestas como “La terrible sinceridad”, “La inutilidad de los libros” o “El escritor como operario”(11) .

“Y que los eunucos bufen”

Es interesante pensar en que para Arlt “escribir mal” se convierte en una práctica significante, en términos políticos y desde la perspectiva materialista la técnica de Arlt da cuenta de su calidad literaria, que sea políticamente significativa tiene que ver con la no neutralidad y el desenfado de sus valoraciones.
Por otra parte y en los términos en que Benjamin considera que el escritor es conciente de la clase a la que pertenece él exhibe mediante su lenguaje y sus estudios filológicos del lunfardo la forma en que debió apropiarse de traducciones para ir conformando su cultura. Si condición de extranjero y de “salvaje aculturación”(12) es solidaria con lo que podría llamarse la disputa de sentido y de legitimidad que llevan a cabo amplios sectores populares por el reconocimiento de su cultura.
En esta linea me interesa rescatar la consideración de Raúl Larra en “El escritor y la política” al referirse a la madurez alcanzada por el autor diez años después de publicadas sus novelas, así expresa: “Ya no predica la incultura como modo de preservar virgen el mensaje del escritor. Entiende que los nuevos tiempos que van a sucederse después de la guerra, tiempos de fronda y de revolución, exigirán del escritor un conocimiento enciclopédico, una aptitud excepcional para asimilar una sólida cultura y hacerla servir en función del conjunto”.


La escritura desencantada

“…en determinadas circunstancias la vida está empapada de un fatalismo inteligente” (“Los siete locos”)

La escritura, como dice Barthes, no puede ser atravesada sino recorrida, la ciudad desencantada que Arlt recorre es de la que surge su escritura y ella es la que evapora el único sentido, como los pasajeros y los transeúntes que el veía nos perdemos en ella.
Desde el marco teórico de la cuestión y tentada de recurrir a la idea del “desencantamiento del mundo” sobre el que se asienta la teoría de Weber(13) para explicar el proceso de secularización capitalista me detengo en una singular idea del “desencanto” que recorre Arlt con su narrativa. En el sociólogo alemán, la idea de la ciencia y su contrapartida espiritual – la ética protestante- que fundamenta la acumulación capitalista se inscribe dentro del paradigma historicista donde “el sujeto se separa del objeto” postura contraria a la de nuestro autor. En otras palabras, el desenvolvimiento de la historia es abordado en tanto objeto científico y la novedad moderna de la mediatización y el acercamiento de las masas hace que esta historia, en cambio, sea apropiada como objeto cultural, más cercano y más activo si bien no hay “paradigma” la mirada es de tensión entre ése sujeto y objeto. Por lo mismo, el desencanto es consecuencia de las posibilidades de “cambiar” la historia, de leer varias versiones de ella, ya no la escritura de Autor-Dios.
Como parte de la vanguardia, al romper con el pasado y explorar el presente el novelista no puede dejar de ver el desencanto de la existencia pero no en referencia a una idea de Dios que se ha mantenido inalterable a lo largo de la historia y que fue reemplazada por una ética como a mi entender Weber “observa” en el espíritu del capitalismo. Entonces por un lado, la saga de sus novelas no reniegan de la desaparición de ningún tipo de Dios en especial sino profundamente en la pérdida de fe, de ilusiones y de alegría que trae aparejada la cantidad de explicaciones, Verdades y mentiras metafísicas que han producido en conjunto científicos, ingenieros, artistas, contadores, abogados, incluso poetas y escritores.
Esta desencantada escritura de Arlt pareciera colocarnos como lectores-escritores en “un callejón mental” por su visionaria forma de encarar las nuevas experiencias de los lectores. “El alma triste de las palabras eso es lo que interesa, reos” dice Erdosain queriendo hacer reaccionar a todos los hombres de la comedia que representan.

A mi entender, lo que Arlt hace es describir esos “seres-sujetos” a esta Diosa de la técnica que los salvará finalmente y de este modo la tensión entre la dimensión positiva y negativa del avance de la tecnología(14) se apoya en un “misticismo industrial” que permitirá dar el batacazo y crear la nueva sociedad.
El autor explica en una entrevista que estos personajes odian esa civilización, quisieran creer en algo y que “Si fueran menos cobardes, se suicidarían si tuvieran un poco más de carácter, serían santos. En verdad, buscan la luz. Pero la buscan sumergidos en el barro. Y ensucian lo que tocan”.

Breve idea de los vínculos sobre periodismo y literatura

Desde mi perspectiva el Arlt periodista unas veces reniega del sensacionalismo y del modo en que los diarios sólo hablan de los hombres cuando estos cometen un crimen. En respuesta a esto cree que el escritor es el más justo asilo para los que escapan de la ley. La ficción se convierte en ley frente al “realismo” que venden los periódicos. Sin embargo sus novelas están plagadas de telegramas y de recursos narrativos que persiguen y consiguen los mismos “efectos de verdad” incluso en la dramatización de la muerte de Erdosain, que se produce en la redacción de un diario(15).
En esa experimentación con las nuevas formas de reproducción de la información, la aparición de nuevos formatos (folletines, periódicos, novelas semanales) algo se destruye y se transforma, se convierte en otra cosa, sus personajes y su escritura buscan y encuentran, otras leyes de construcción. Reflexionando sobre ésas leyes de su escritura sus formas narrativas arrojan luz sobre la historia en la que se están haciendo, las novelas de Arlt son “verdaderamente ficcionales” y “ficcionalmente verdaderas”(16) .

La escritura como confesión

“…el suceso era más absurdo que una novela,
a pesar de ser el un hombre de carne y hueso”
(“Los siete locos”)

“…es absurdo pensar en una confesión. ¿Y si lo viera un sacerdote y se confiara a él? Más ¿qué puede decirle un señor afeitado con sotana y un inmenso aburrimiento empotrado en el caletre? Está perdido, ésa es la verdad; perdido para sí mismo”(17).

Si de Arlt y sus recursos narrativos debo destacar algo es el proceso de escritura-lectura que se produce bajo la forma de relatos- confesiones y en el papel de Comentador estudiado por Ana María Zubieta. Por una parte la confesión cristiana se invierte en tres aspectos, el más interesante es aquél donde el confesante (Erdosain) es “desinteresado” a la hora de contar su pasado y sus padecimientos, no busca la penitencia o el absolvimiento de la culpa… En este sentido el “desinterés” es el modo de disfrazar las condiciones y el lugar de productor de una escritura que si recibe una paga, como productor Arlt y como metáfora del mismo el Comentador que también es crítico de esta tarea. Por otra parte afirma Zubieta, el “interés” que si tiene Erdosain como receptor de los relatos-confesiones del resto de los personajes (a través de provocar la confesión de Barsut consigue el dinero) encuentra su justificación en las prácticas reales de cualquier lector “interesado” que lee productivamente un texto.
“El relato se convierte en confesión”, confesar su lugar en el proceso de producción, ser conciente y de este modo amplifica el procedimiento formal de intertextualidad con uno de sus autores favoritos, Fedor Dostoievsky.
“Este trabajo del texto/ sobre el texto no fue sólo hecho sobre el producto sino también sobre los medios de producción que lo dan a leer, frecuentemente, con deformaciones y encubrimientos” aclara Zubieta.

La imposibilidad de que los textos den cuenta exhaustiva de los hombres

Entre las leyes de la escritura estudiadas por Zubieta existen cuatro que son las que permiten comprender por qué la literatura arltiana es “literatura de pasaje, de contacto distanciamiento, de entrada de todo aquello que anula-actualiza la distancia, de presente, anti-épica”. Las dos primeras denominadas de contacto- distanciamiento refiere por un lado al contacto entre los personajes es permanente y por otro, y en esto radica el estatuto particular del comentador, a la distancia ya que luego del encuentro de los personajes viene una confesión. Y esta confesión remite también a que el Comentador mediatiza la verdad contada porque aparece como otra voz, desde otra legalidad.
Este contacto-distanciamiento se produce, dice Zubieta, dialécticamente y al anular la distancia porque todos son igualmente marginales y al introducirla con el Comentador se puede pensar en el tiempo histórico de la novela de Arlt: “Como el hombre no coincide consigo mismo y el texto no puede darle una imagen exhaustiva de él es necesario que haya un portavoz de la disidencia, de la confrontación, cargo que ocupa el Comentador aunque nunca se explicite que sea tal su función” concluye la autora.
Desde mi perspectiva, esta intervención disidente es signo que produce una suerte de incomodidad, de un sentido no clausurado, de una falta de resolución , de un fin que cierre esta angustia y nos otorgue la imagen completa de un criminal, de un deprimido, de un loco, de una victima, de un humillado…pero no. Erdosain encierra a todos los hombres y no conoce completamente a ninguno, se confiesa y no se reconoce, tampoco lo reconocen los otros personajes. El Comentador no puede coincidir y atravesar al personaje, es decir que no puede conocer, controlar o predecir lo que hará por eso mismo no emite juicio y sólo escribe su memoria. La única verdad es el testimonio, verdad construida por “otro” porque uno mismo tiene una falsa conciencia de la realidad y es la única que tiene.
Entonces, el tiempo histórico de la novela no halla representación cultural alguna que brinde una imagen acabada, coherente y contenedora de la existencia de sus hombres.
Es plausible de atribuir a esta noción de la imposibilidad que exhibe y no desea resolver la obra arltiana la critica al realismo, a la verdad y objetividad del periodismo, el otro relato que se apropia de los hombres y donde para Arlt la verdad y el engaño se alimentan mutuamente.
Tampoco hay confrontación entre los personajes y la afirmación, el rechazo, la respuesta – a diferencia de Dostoievsky- a esos conflictos están dados por la acción y no por la narración. Esta operación mantiene el espacio diegético, explica la autora, porque mantiene la ficción del detenimiento narrativo.

Masas: más libros, más diarios…

En los versos de Baudelaire, el poeta de la modernidad, los ensayos que sobre él realiza Benjamin y en las prácticas de escritor de Arlt hay dos elementos insistentemente presentes. El primero y al que me referiré en esta parte, es el fenómeno de las masas, y la dificultad de pensar en términos de clase sino en una “amorfa multitud” de “transeúntes”, del “público de la calle”(18).
La impermeabilidad del formato periódico (que como forma nos habla de la velocidad del tiempo como observa Benjamin) la reproductibilidad, rapidez, brevedad de la información y desconexión de las noticias entre sí aleja de la realidad la experiencia del lector.
Se menciono ya la forma que adquirió la democratización de la cultura y del acceso a la literatura por parte sectores antes excluidos (ó mejor dicho no pensados como público lector). En convivencia con los libros, sacudidos en sus estatutos literarios el periódico es el escenario donde la “impaciencia del lector”(19) es la misma que la del excluido que cree que puede acceder al mismo.
Las cartas de lectores y el “contacto” que Arlt trata de establecer con sus lectores desde el diario El Mundo nos hace pensar en la posibilidad de “apropiación” de las masas de formas literarias que “poetizan” su existencia.
Es para Arlt como en Baudelaire el modo de recorrer las ciudades como si fueran un texto lo que los vincula y esa “literaturización de las formas de vida urbana”(20) . También esa exhibición mediatizada de mercancías “poetizadas” establece un juego que legitima de algún modo, los reclamos, las críticas y las opiniones de los lectores a la producción de Arlt en el diario y por otro la representación arltiana de esa realidad. Más adelante desarrollo este último punto.
Frente a la experiencia desvinculada del lector Baudelaire expresa en su introducción “Hipócrita lector” y en el mismo peldaño Arlt: “Uno no sabe qué pensar de la gente. Si son idiotas en serio o si se toman a pecho la burda comedia que representan en todas las horas de sus días y noches”.
No puedo evitar citar párrafos de ambos para dejar abierta a otras interpretaciones la vinculación que propuse y que peca de ser aproximada.

“Afanan nuestras almas, nuestros cuerpos socavan
La mezquindad, la culpa, la estulticia, el error,
Y, como los mendigos alimentan sus piojos,
Nuestros remordimientos, complacientes nutrimos.
Si el veneno, el puñal, el incendio, el estupro
no adornaron aún con sus raros dibujos
el banal cañamazo de nuestra pobre suerte
es porque nuestro espíritu no fue bastante osado”

(Al lector “Las flores del mal”)
“No se ha dado cuenta que si la gente lee es porque espera encontrar la verdad en los libros. Y esa verdad es relativa… esa verdad es tan chiquita… que es necesario leer muchos libros para aprender a despreciarlos”
(“No le pide nada el cuerpo” en La inutilidad de los libros)

Respecto de esa presencia de los lectores como colaboradores y la desaparición de la distinción de autor- público observo que son esos códigos establecidos culturalmente como el folletín y la novela semanal de los que la novela arltiana se distancia dándole un giro inesperado. Es al modo de una “interrupción brechtiana”(21) como despierta al lector y lo obliga a tener una actitud frente a lo que lee. Por otro lado la percepción del lector como “perito” reconoce tal estructura discursiva y en ése reconocimiento sale a la luz la técnica arltiana, que como tal expande los límites -siempre históricos- de los géneros(22).
Para arriesgar otro nivel de significación considerando el surrealismo no sólo como forma de observación arltiana de la realidad – a lo que me refiero más adelante- sino como instancia necesaria en la actividad de lectura, considero que propone con estos giros que se frustren los sentidos esperados. Y que en tanto sistema el lenguaje no puede subvertirse sus códigos son “burlados” mediante otros. Como sostiene Barthes, no hay mejor punto de arranque para el pensamiento que la risa y es mediante la sátira constante y las caricaturas de los personajes que nuestro autor importa una crítica social por cierto bastante negativa.

“Días hubo en que se imagino un encuentro sensacional, algún hombre que le hablara de las selvas y tuviera en su casa un león domesticado. Su abrazo sería infatigable y ella lo amaría como una esclava; entonces encontraría placer en depilarse por él los sobacos y pintarse los senos” (23)

“Decime: ¿te acostaste con él?” En el final del episodio de “El humillado” se encuentra claramente la intención de conmover y de sustraer el final amoroso de una situación representada constantemente en la literatura romántica, en este caso la folletinesca.
En sus novelas los giros inesperados niegan lo prescriptivo de las novelas sentimentales que también frecuenta su público y, obviamente, se ríe de su sentimentalismo. En “Los amores de Erdosain” éste le cuenta al Comentador: “He tropezado raramente con hombres de mirada penetrante que localizaban en mí los vicios que escondía y no sé por qué, animados de una estúpida piedad trataban de aconsejarme ¡No se imagina usted lo que me he divertido subterráneamente haciéndolos hablar horas y horas hasta fingir que me emocionaba con sus observaciones! Ellos disertaban al estilo de pedantes de la moral (…) mi conducta era hacer llegar las cosas hasta cierto punto, luego un día bruscamente, cortaba todo consejo con una grosería irónica, inesperada y ofensiva”.
El capítulo de “La coja” revela otro aspecto de la conducta hipócrita de Remo, él como pretendiente de Marí exige pureza y virginidad ridiculizando a la propia niña frente a la madre. Con esa niña contraerá matrimonio para evitar que siga “poniendo las manos en braguetas de otros hombres y que después sea rechazada”. También la actitud de la madre de regalarla es representada satíricamente.

Lo nuevo como fundamento

En los años de la renovación literaria la vanguardia toma posición respecto de la izquierda pedagógica que ha conformado un público al que era preciso educar y que tenía a la transformación social ó a la revolución como sustento (un ejemplo es la revista Claridad). En la vereda de enfrente la vanguardia no educa sino que provoca y exhibe, es portadora de lo nuevo y como tal es “la utopía transformadora de las relaciones estéticas presentes, la imposición instantánea de lo nuevo” ella misma es espacio de corte y portadora de lo que en el futuro ella realizará.
Cuando el astrólogo reflexiona sobre la necesidad de crear la Academia de revolucionarios aparece claramente una burla a la pedagogía revolucionaria, al “Qué hacer” de Lenin, en este aspecto es Arlt una ruptura pero ninguna promesa, nos vuelve a dejar en un callejón mental y sus protagonistas representan todas las variantes ideológicas que flotan en una sociedad que todavía alberga condiciones objetivas aún en desarrollo para una revolución. La imposibilidad de que las masas lleguen por vías intelectuales a la revolución se traduce para el astrólogo en utilizar “el miedo, el hambre o la opresión” como metodología.
Las afirmaciones de Arlt como la de otros escritores de su generación son iconoclastas y exasperadas y sus personajes renuevan constantemente el cinismo.

“(…) y el crimen que en algunas novelas que había leído se presentaba interesante;
veía yo ahora que era algo mecánico, que cometer un crimen es sencillo y que nos parece complicado debido a que carecemos de la costumbre de él” (24)

En este punto me propuse describir el proceso de escritura-lectura como la otra legalidad que permite la “salvación”. Esta vinculación de la literatura y el crimen presente primero en “El juguete rabioso” y luego en esta saga puede pensarse a la luz de lo que Hyden White(25) advierte: el conflicto siempre presente en la literatura entre la ley y el deseo. Necesariamente una obra literaria o histórica deja entrever una sanción moral, una observación y valoración del mundo que se inscribe y se posiciona de algún modo en su sociedad y en su propio mundo discursivo.

El relato que precede es del episodio “Trabajo de la angustia”(26) y como otros tantos pasajes(27) representan, en palabras del Astrólogo, a los protagonistas bajo “ése impulso inicial que los lanzó a la aventura”.
Lo que estudia Zubieta como forma de “salvación” que lleva a cabo la figura del Comentador tiene que ver con entender la escritura como otra forma de legalidad, “salvar la palabra del que muere” es una de las operaciones más interesantes de la narrativa arltiana. Como el Comentador es el único que puede imprimir cierta distancia (por aparecer en notas al pie) de ése mundo de seres marginales que no tienen otra “salida” más que la propia muerte “poner el punto” es cortar con la confesión y hacer aparecer la escritura. La palabra del Comentador es ajena y es la única que vive. Sin embargo es lo único que puede hacer porque lo demás ya está hecho por otros. De este modo, el Comentador es “representante, metáfora, cuestionador o crítico de la función del escritor” aclara Zubieta. La primera nota de “Los siete locos” y la última de “Los Lanzallamas” son los momentos previos a la muerte; esa salvación la lleva a cabo un Comentador que es “figura mediadora de la lectura y metáfora de la escritura” agrega la escritora.
A este estudio agrego que en referencia a la legalidad y al crimen permite reflexionar sobre en primer lugar el fundamento mismo del “contrato social” que presupone sujetos iguales y libres jurídicamente, en esta abstracción la estructura capitalista encuentra su instrumento encubridor de una desigualdad que Arlt reconoce y denuncia.
“¿Y cómo es que en la realidad vos haces un crimen y te quedas de lo más campante? Esta “tranquilidad” por cometer un delito bien remite a ése hombre sombra que todos terminan siendo, sujetos esquizo, divididos entre la voluntad individual y la voluntad social.
El telegrama de la catástrofe en China que expresa Erdosain en su confesión, no le da la sensación de la catástrofe como tampoco la idea del crimen le parece propia. Esto recuerda también a las nuevas dimensiones que perciben los hombres a raíz del crecimiento de la ciudad.
El crimen y la ciudad están fuertemente entrelazados(28): “…pero allí, en el corazón de la ciudad, en una pieza perfectamente cúbica y sometida a disposiciones del digesto municipal, es absurdo pensar en una confesión. ¿Y si lo viera un sacerdote y se confiara a él? Más ¿qué puede decirle un señor afeitado con sotana y un inmenso aburrimiento empotrado en el caletre? Está perdido, ésa es la verdad; perdido para sí mismo” así remata el comentador, que reflexionando sobre la confesión opera como accediendo a la verdad. También lo hace cuando explica el deseo de Erdosain de “violar el sentido común” y representar una comedia”

“Yo soy la nada para todos, sin embargo, si mañana tiro una bomba, o asesino a Barsut, me convierto en el todo en el hombre que existe, el hombre para quien infinitas generaciones de jurisconsultos prepararon castigos, cárceles y teorías. Yo, que soy la nada, pondré en movimiento todo ese terrible mecanismo de polizontes, secretarios, periodistas, abogados, fiscales, guardacárceles, coches celulares, y nadie verá en mí un desdichado sino un hombre antisocial, el enemigo que hay que separar de la sociedad. Sólo el crimen puede afirmar mi existencia, como sólo el mal afirma la presencia del hombre sobre la tierra”.

Algo del orden de que “para vivir lo moderno se necesita una constitución heroica”(29) se desliza en ambas novelas. Por una parte, lejos de lo épico o lo trágico, Arlt representa a los marginales con personajes con los que no se solidariza: “A mí como autor estos individuos no me son simpáticos. Pero los he tratado. Y todo autor es esclavo de sus personajes, porque ellos llevaban en sí verdades atroces que merecían ser conocidas”(30). Por otra parte, y a diferencia de la práctica de la poética baudelariana que resulta en pensar como héroes a los individuos(31) que describe, la escritura arltiana es heroica en un sentido profundo y hasta “torturado”, otra vez y a riesgo de ser inmanentista a las palabras de Arlt, lo transcribo: “Creo que a nosotros nos ha tocado la horrible misión de asistir al crepúsculo de la piedad, y que no nos queda otro remedio que escribir deshechos de pena, para no salir a la calle a tirar bombas o a instalar prostíbulos”.
El suicidio como forma de escapar del hastío, de la cortina de angustia, y de “la reja de la incoherencia” es un elemento común a Nietzche y a Baudelaire y Erdosain lo ejecuta, siendo el héroe de la escritura arltiana.

El trapero de la modernidad y el cronista porteño

“¡Qué lista! ¡Qué colección! El Capitán, Elsa, Barsut, el Hombre de Cabeza de Jabalí, el Astrólogo, el Rufián melancólico, Ergueta. ¡Qué lista! ¿De dónde habrán salido todos esos monstruos?”
“Y créame mujer de la vida a la que no se le saca el dinero lo desprecia. Claro, los novelistas no han escrito esto. Y la gente nos cree unos monstruos, o unos animales exóticos como nos han pintado los saineteros. Pero venga a vivir a nuestro ambiente, conózcalo, y se dará cuenta que es igual al de a burguesía y al de la aristocracia. La mantenida desprecia a la mujer de cabaret, la de cabaret a la yiranta….”

(Los siete locos, Págs. 74 y 38)

“En un viejo arrabal, laberinto de fango,
Donde en sordo fermento hierve la humanidad,
Aparece un trapero, la cabeza agachada,
tropezando en los muros lo mismo que un poeta
y, sin tener en cuenta a los guardias, sus súbditos,
su corazón desahoga en gloriosos proyectos”

(“El vino de los traperos”, Las flores del mal)

El poeta, como un trapero trabaja sobre los restos de la miseria y el alcohol, “Son los nuevos procedimientos industriales” los que unen a todos-literatos, conspiradores, profesionales, traperos- “en una protesta más o menos sorda contra la sociedad ante un mañana más o menos precario”(32).
Ese recorte, ese coleccionismo para nada azaroso, de los “desechos de la sociedad” remite al intento de registrar, salvar, asilar en la escritura los rasgos que sobresalen en todos los personajes que son el derecho y el revés de la condición humana.
En definitiva, Arlt disfrutaba de buscar lo “pintoresco”, y esa realidad que para otros estaba oculta y que por eso se convierte en objeto de atención -en excusa para “subvertir” los códigos establecidos- opera como intervención, sus observaciones sacuden e incomodan.

“Nada más insufrible que las rengas jornadas
en que, bajo los copos de nevadas eternas,
el tedio producido por el desinterés,
de la inmortalidad toma las proporciones
-desde ahora ya no eres ¡oh viviente materia!
Más que una mole pétrea rodeada de espanto…”

(“Splen”, Las flores del mal)

“Nuestra civilización se particularizado en hacer del cuerpo un fin en vez del miedo, y tanto lo han hecho fin, que el hombre siente su cuerpo y el dolor de su cuerpo que es el aburrimiento” (Los lanzallamas)

El gran tema de la poesía de Baudelaire es el Splen, una forma vaga del tedio, un aburrimiento existencial, un angustioso hastío. Y por contraposición el Ideal, el azur de cielo, un sol obsesivo, como el de los niños o el de los locos, insoportablemente lúcido y puro. En el amor se debaten Splen e Ideal, no son estos los dos polos del estado agónico, irresoluble de la existencia. Pero su amor no es uno “ejemplar” sino que está viciado por el pecado de los sentidos, siempre temeroso de caer en el cuerpo insaciable de alguna “estúpida”(33) . Cerca de la imagen poco feliz que Baudelaire tenía de las mujeres, el cínico y amoral personaje del Rufián Melancólico, en uno de los episodios, explica porqué las mujeres son animalitos que tienden al sacrificio y que principalmente la prostitutas son seres detestables. Sin embargo, una explicación menos superficial de lo que esto puede significar es que las mujeres, como sostiene el astrólogo, contienen la verdad por su intima relación con el cuerpo y con su función procreadora y esto evoca al dolor mismo, esquivado por los profesionales de nuestra civilización.

“Usted tiene un diente en la boca pero ése diente no existe en realidad para usted. Usted sabe que tiene un diente no por mirarlo; mirar no es comprender la existencia. Usted comprende que en su boca existe un diente porque el diente le proporciona dolor. Bueno, los intelectuales esquivan este dolor del nervio del cuerpo. Los artistas dicen: este nervio no es la vida, la vida es un hermoso rostro, un bello crepúsculo, una ingeniosa frase. Pero de ningún modo se acercan al dolor.
A su vez, los ingenieros y los políticos dicen: para que el nervio no duela son necesarios tantos estrictos metros cuadrados de sol, y tantos gramos de mentiras poéticas, de mentiras sociales, de narcóticos psicológicos, de mentiras noveladas, de esperanzas para dentro de un siglo … y el Cuerpo, el Hombre, la Verdad, sufren, porque mediante el aburrimiento tienen la necesidad de que existen como el diente podrido existe para nuestra sensibilidad cuando el aire toca el nervio”(34).

“…a mí me agradan mucho esas realidades… el contacto con los ladrones, macrós, asesinos locos y prostitutas. No quiero decirle que toda esa gente tenga un sentido verdadero de la vida… no están muy lejos de la verdad, pero me encanta de ellos el salvaje impulso inicial que los lanzó a la aventura”.

El Flanêur es un perfecto paseante, observador y es la densidad urbana vivida con la materialidad técnica que transforma las percepciones, el paisaje que ofrece todo lo necesario. Se mantiene en una “ambivalente lejanía” con las muchedumbres, es especialmente sensible a lo que otros no ven.

“Comienzo por declarar que creo que para vagabundear se necesitan excepcionales condiciones de soñador (…) qué llenas de novedades están las calles de la ciudad para un soñador irónico y un poco despierto (…) Cuántas historias crueles en los semblantes de ciertas mujeres que pasan ! (…) el profeta ante este espectáculo se indigna, el sociólogo construye indigestas teorías. El papanatas no ve nada y el vagabundo se regocija. Y de pronto la calle, la calle lisa y que parecía ser destinada a una arteria de tráfico con veredas para los hombres y calzadas para las bestias y los carros se convierte en un escaparate, mejor dicho en un escenario grotesco y espantoso donde, como en los cartones de Goya, los endemoniados, los ahorcados, los embrujados, los enloquecidos, danzan su zarabanda infernal”.

(“El placer de vagabundear”)

Los íconos de sus aguafuertes: el cínico romántico, el diputado, el hombre que se jubila, el enamorado, el mirón, el que se tira a muerto, el solterón, el hombre corcho… estos tipos son “vistos con humor e ironía pero también con piedad e indulgencia”(35).
Cuenta Raúl Larra en su libro: “La ancha libertad de prensa que impera le permite decir todo lo que piensa, incluso hablar mal del periodismo. Se lo ve como un niño terrible y se le toleran todos sus gestos”.
El placer de vagabundear expectante de lo inesperado como si fuera un niño que curioso descubre y se regocija con lo nuevo, es una modalidad utilizada por pintores que Baudelaire admiraba y que Arlt lleva a cabo. Para él, vagabundear era útil y recomendable: “….pasará tiempo antes de que la gente se de cuenta de la utilidad de darse unos baños de muchedumbre y callejeo”.
Sin dudas, Arlt tiene una facultad para captar lo pintoresco y ridículo del hombre en su paisaje. Esta forma de observar la realidad, sabiendo todo sobre la figura del Flanêur y de la experiencia estética como forma de conocimiento también puede ser reflexionada por sus implicaciones sobre los problemas de clase.
La “aventura de clase” a la que hace referencia Susan Sontag(36) para explicar el uso de la fotografía que se postula como descubridor de realidades “ocultas” es precisamente “oculta” porque su lugar en la sociedad es otro. Si trasladamos esta forma de observación de “otras realidades” a las aguafuertes se puede pensar en un Arlt extranjero que no evita que su mundo objetivo y su pasado impregnen su escritura.
La forma de apropiarse de esa “otra realidad” para pintarla en sus rasgos más característicos nos recuerda a la de pintor costumbrista que Baudelaire(37) admira en Constantin Guys, cosmopolita, hombre de la multitud y niño. Destaca al pintor costumbrista, “observador, paseante, filósofo” de la circunstancia.
Estas aguafuertes, como el aguatinta, los grabados a varias tintas son, para el poeta “inmensos diccionarios de la vida moderna”.
Pero vuelvo a lo anterior; interpreto que esta forma de “marcar” corrosivamente las hendiduras de la realidad “marginal” sitúa a Arlt como escritor-flâneur y acerca a su público esas “pinturas” de papel de las cuales la cercanía es condición para que cumplan una función social (y no ritual como el retrato de un lienzo distante de su espectador). Ejerciendo una naciente profesión “liberal”, atraviesa la misma conteniéndola y se dice escritor, pero también reniega del lugar porque para él el escritor es el que está afuera de la literatura y en cambio está con los hombres.
Arlt se distancia y se deja “convertir en otro” algo así como Zubieta caracteriza su forma de narrar investigando quién es el “otro”, “es explorar-explotar la producción de la escritura mediante el proceso de “hacerse otro”, reproducirlo”.
Es complejo determinar la clase social de Arlt como sujeto biográfico como si la clase fuera algo transparente que reflejara su ideología por eso se torna interesante, y en esto adhiero a la reflexión de Zubieta, verla desde su lugar de producción y esto como condición de producción de su escritura.

Las aguafuertes son emblemas modernos de una época que si se las piensa en términos del planteo benjaminiano las mismas pintan y descubren ácidamente los rasgos más vergonzantes de la moralidad y de los prejuicios que la sociedad porteña arrastra. Y se convierten en “diccionarios” – más adelante me refiero a esto- a los que se debe acudir cuando la temporalidad fugaz de la modernidad y sus promesas delaten lo que tienen de más conservador y retrogrado.
Entonces, esta observación surrealista bien puede convertirse en una forma de conocimiento como bregaban sus creadores. Si la industrialización ha sido la causa de una crisis de la percepción debido a la aceleración del tiempo y la fragmentación de espacio, la singular estructura narrativa de las aguafuertes y las novelas de Arlt persiguen una sutileza en la percepción, de que las nuevas experiencias de los lectores se resuelvan de acuerdo a sensibilidades desacralizadas, “corajudas”, grotescas, intensas, donde el aburrimiento se extinga por el impulso textual y vital de ser atravesado por lo inesperado, el misterio de las palabras, el misterio del “autor” que nos habla y que lejos de decirnos de dónde nace, nos deja elegir dónde morimos como lectores y nacemos como autores.

Los emblemas modernos: “Los siete locos” y “Los lanzallamas”

Entre las técnicas aplicadas por los movimientos de vanguardia Dadaísmo y Surrealismo interesa a Benjamin la utilización de la alegoría(38), ya que para él no son los artistas los alegóricos sino que son las épocas. En su estudio reconoce los dramas barrocos, los emblemas que dan cuenta de una época de desintegración y decadencia. En este mismo nivel, los protagonistas de “Los siete locos” y “Los lanzallamas” están determinados, como explica Larra, por ese crisol fantástico que es Buenos Aires pero a su vez aportan las peculiaridades propias del grupo social de que proceden y del momento económico en el que viven. Todos ellos provienen de la pequeña-burguesía, son hombres sacudidos por la posguerra y están cerca de lo que será la crisis del 29.
En esta incertidumbre y caída de los valores económicos, éticos, sociales los protagonistas de “Los siete locos” no hacen más que decir de otro modo cómo los hombres y mujeres de ése singular período histórico se precipitan a creer en cualquier cosa(39) pero como advierte el Astrólogo “menos en el comunismo”. También es importante reparar en los diferentes significados que fue teniendo el mote de “comunista” y que esclarece bastante sobre las confusiones históricas e ideológicas. Lo que se puede concluir es que lo que alegórica y proféticamente Arlt representa no es más que “un estado de anarquismo latente en el seno de todo desorientado o locoide”.
En la vinculación de la época con “Los lanzallamas” también se halla alegóricamente representado el contexto científico; ingenieros y técnicos ocupan lugares reconocidos y la invención una de las actividades que garantizan fama y fortuna. El descubrimiento de nuevas aplicaciones de productos químicos y gases es propio de una modernidad que se jacta del “progreso” produciendo tecnológicamente armas menos costosas para el exterminio masivo. Los gases y compuestos que Erdosain elabora en el proyecto de la fábrica de fosgeno es una actitud que remite a la modernidad donde “Todo lo sólido se desvanece en el aire”.
En un mundo que esta preñado de su contrario como explica Marx, la humanidad se encontró con un vacío de valores y a su vez con infinitas posibilidades, el horizonte se prolonga al infinito y nos ofrece de todo menos solidez y estabilidad. Erdosain utiliza los gases del aire de una atmósfera cuyo peso los hombres no sienten, su existencia es igualmente flotante, fantasmagórica, disuelta en el mundo. El hombre sombra no siente la densidad de su crimen pero añora hacerlo para ver si comienza a sentir algo: “Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de hacer podido osificarse. Todo lo sólido se desvanece en el aire; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas”(40).
“Comprendes que la vida ha perfeccionado la angustia como un fabricante perfecciona su motor a explosión” piensa el inventor.

“Si, algo uno estudia para destruir esta sociedad”
(“Los lanzallamas”)

Citas bibliográficas

(1) ROMERO, Luis Alberto “Buenos Aires en la entreguerra: libros baratos y cultura de los sectores populares” en Armus D. (comp.) Mundo Urbano y Cultura popular, Bs. As., Sudamericana, 1990.
(2) La estructura de sentimiento de la que habla Raymond Williams tiene que ver con una estrategia de la cultura que suele elaborar tópicos que representan por ejemplo un momento pasado como “edad dorada” y que determina reacciones y emociones resultando en una idealización. Estos tópicos aparecen cuando un orden está en proceso de ser reemplazado por otro. SARLO, Beatriz “Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930”, Nueva Visión, Bs. As, 1988
(3) “La terrible sinceridad” en Aguafuertes porteña, Reysa, Bs As, 2003
(4) LARRA Raúl “Roberto Arlt, El Torturado” Leviatán, Bs As, 1992 (sexta edición).
(5) BENJAMIN, Walter en “El autor como productor” En “Tentativas sobre Brecht” Iluminaciones 3, Taurus, Madrid, 1975.
(6) ROMERO, Luis Alberto “Buenos Aires en la entreguerra: libros baratos y cultura de los sectores populares” en Armus D. (comp.) Mundo Urbano y Cultura popular, Bs. As., Sudamericana, 1990.
(7) En aparente contradicción con el planteo materialista de un autor biográfico de Benjamin.
(8) BARTHES, Roland “La muerte del autor” y “Escribir la lectura” en “El susurro del lenguaje”, Siglo XXI, Bs As, 1980
(9) Para Arlt la única forma de trascendencia es ser artista, descree del ascenso social y el sacrificio para lograrlo es una “engaña pichanga” para la clase media. Notas de clase “Periodismo y literatura” Roberto Retamoso, UNR, 2005.
(10) Las masas son el nuevo elemento de la modernidad que Benjamin estudia y ya no las clases sociales. Por lo mismo el arte acercado y desacralizado por las nuevas tecnologías (cine, radio, periodismo) a las masas constituyen uno de los núcleos de su pensamiento. Por lo mismo sólo el artista puede descubrir su potencialidad política.
(11) ARLT, Roberto “Aguafuertes porteñas”, Reysa, Bs As, 2004
(12) SARLO, Beatriz “Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930”, Nueva Visión, Bs. As, 1988
(13) WEBER, Max “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”
(14) Sobre esta tensión entre la dialéctica negativa y el materialismo, propia del pensamiento de Benjamin. cfr, VALDETTARO, Sandra “Lo urbano como experiencia de la modernidad. Baudelaire según Benjamin” En Anuario del Departamento de Ciencias de la Comunicación Volumen 5, Arcasur, Rosario, 2000
(15) RETAMOSO, Roberto “Crónicas de la ciudad”
(16) ZUBIETA, Ana María“El discurso narrativo arltiano.” Hachette, Bs As, 1987
(17) ARLT, Roberto “Los siete locos”, Altamira, Bs As, 1997.
(18) BENJAMIN Walter, “Sobre algunos temas en Baudelaire” En Poesía y capitalismo Iluminaciones II. Taurus, Madrid, 1993.
(19) BENJAMIN, Walter en “El autor como productor” En “Tentativas sobre Brecht” Iluminaciones 3, Taurus, Madrid, 1975.
(20) VALDETTARO, Sandra en “Lo urbano como experiencia de la modernidad. Baudelaire según Benjamin” Anuario del Departamento de Ciencias de la Comunicación Volumen 5, Arcasur, Rosario, 2000.
(21) Según mi interpretación de “El autor como productor” El teatro épico no quiere producir una ilusión, en vez de acercar o reproducir naturalmente situaciones al espectador las aleja para que las reconozca, mediante otras figuras e interrupciones, con asombro. Por eso las situaciones más acostumbradas de la existencia son para el dramaturgo épico la materia prima para encontrar pequeños comportamientos con los que puede construir una “acción”. No pretende colmar al público de sentimientos sino enajenarlo de aquellas situaciones y la risa es uno de los recursos.
(22) AMAR SÁNCHEZ, Ana M. “La tensión como característica del género” en “El relato de los hechos Rodolfo Walsh: testimonio y escritura”, Beatriz Viterbo Editora, Bs As.
(23) ARLT, Roberto “Los siete locos”, Altamira, Bs As, 1997,
(24) ARLT, Roberto “Los siete locos”, Altamira, Bs As, 1997,
(25) WHITE, Hyden “El texto histórico como artefacto literario” en Trama Nº 6. Rosario, Facultad de Humanidades y Artes, 1999.
(26) Ibidem, Pág. 102.
(27) “Quizá es válido preguntarse(…) cuál es la culpa que mueve a los personajes a la confesión (…) es la violación de un espacio, la trasgresión de pautas vitales, que podrían haber orientado sus vidas por carriles más “normales” pero anónimos, y la precipitación en otra vida donde ronda el peligro. Pasaje, tránsito, circulación, desplazamientos: síntesis de lo que merece ser contado para que entre nuevamente en circulación” ZUBIETA, Ana María“El discurso narrativo arltiano.” Hachette, Bs As, 1987
(28) ARLT, Roberto “Los lanzallamas”, Losada, Bs as, 2005 Pág. 68
(29) RETAMOSO, Roberto “Walter Benjamin y la perspectiva materialista en el análisis de Baudelaire” Anuario del Departamento de Ciencias de la Comunicación Volumen 1, UNR Editora, Rosario, 1996
(30) LARRA Raúl “Roberto Arlt, El Torturado” Leviatán, Bs As, 1992 (sexta edición).
(31) El dandy, la prostituta, el trapero.
(32) BENJAMIN Walter “El Paris del II imperio en Baudelaire” en Poesía y Capitalismo, Taurus, Madrid, 1993.
(33) VALDETTARO, Sandra en “Lo urbano como experiencia de la modernidad. Baudelaire según Benjamin” Anuario del Departamento de Ciencias de la Comunicación Volumen 5, Arcasur, Rosario, 2000.
(34) ARLT, Roberto “Los lanzallamas”, Losada, Bs as, 2005.
(35) RETAMOSO, Roberto “Crónicas de la ciudad”
(36) SONTAG, Susan “Sobre la fotografía”, Sudamericana, Bs. As, 1977
(37) VALDETTARO, Sandra en “Lo urbano como experiencia de la modernidad. Baudelaire según Benjamin” Anuario del Departamento de Ciencias de la Comunicación Volumen 5, Arcasur, Rosario, 2000
(38) “La alegoría era una contraposición a otro tipo de recurso que era el simbolismo (…) el símbolo eterniza lo efímero, mistifica el instante, en cambio la alegría marca lo fugaz, lo transitorio de lo eterno.
(39) “La clase media se vuelca en predicciones bíblicas, como las que declama Ergueta, el exegeta del Libro Santo. Y esas admoniciones terribles se mezclan en una postura netamente individual, exitista, con pujos de apostolado profético y anarquismo nietzchiano” cfr, LARRA Raúl “Roberto Arlt, El Torturado” Leviatán, Bs As, 1992, sexta edición.
(40) BERMAN Marshall, “Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad”, siglo XXI, Bs As.

Bibliografía

ARLT, Roberto “Aguafuertes porteñas”, Reysa, Bs As, 2004.
ARLT, Roberto “Los lanzallamas”, Losada, Bs as, 2005.
ARLT, Roberto “Los siete locos”, Altamira, Bs As, 1997.
BARTHES, Roland “La muerte del autor” y “Escribir la lectura” en “El susurro del lenguaje”, Siglo XXI, Bs As, 1980.
BENJAMIN, Walter en “El autor como productor” En “Tentativas sobre Brecht” Iluminaciones 3, Taurus, Madrid, 1975.
DIVIANI, Ricardo “Benjamin y el surrealismo” Carpeta de apuntes Teoría de la Comunicación I, Riobamba 109 bis (sin datos bibliográficos)
LARRA Raúl “Roberto Arlt, El Torturado” Leviatán, Bs As, 1992, sexta edición.
RETAMOSO, Roberto “Walter Benjamin y la perspectiva materialista en el análisis de Baudelaire” Anuario del Departamento de Ciencias de la Comunicación Volumen 1, UNR Editora, Rosario, 1996.
RETAMOSO, Roberto “Crónicas de la ciudad”
ROMERO, Luis Alberto “Buenos Aires en la entreguerra: libros baratos y cultura de los sectores populares” en Armus D. (comp.) Mundo Urbano y Cultura popular, Bs. As. , Sudamericana, 1990.
SARLO, Beatriz “Una modernidad periférica: Buenos Aires 1920 y 1930”, Nueva Visión, Bs. As, 1988.
VALDETTARO, Sandra en “Lo urbano como experiencia de la modernidad. Baudelaire según Benjamin” Anuario del Departamento de Ciencias de la Comunicación Volumen 5, Arcasur, Rosario, 2000.
WHITE, Hyden “El texto histórico como artefacto literario” en Trama Nº 6. Rosario, Facultad de Humanidades y Artes, 1999.
ZUBIETA, Ana María“El discurso narrativo arltiano.” Hachette, Bs As, 1987

5 comentarios »

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    “Arlt: la escritura desencantada, la tarea de salvación en un mundo que se extingue” | Periodismo y literatura

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  3. fashion

    “Arlt: la escritura desencantada, la tarea de salvación en un mundo que se extingue” | Periodismo y literatura

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  4. vidente buena verdadera

    “Arlt: la escritura desencantada, la tarea de salvación en un mundo que se extingue” | Periodismo y literatura

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  5. movers that will piggyback movers for small loads

    “Arlt: la escritura desencantada, la tarea de salvación en un mundo que se extingue” | Periodismo y literatura

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